Transparencia

Desde hace unas semanas, más que eso en realidad, sabía que debía contarle a Ale algo acerca de mí, de nuestra familia. Estos últimos días sentí la necesidad de hacerlo ya y no extender más el tiempo, tenía miedo, muchísimo miedo. ¿Quién quiere que sus hijos sufran? y por acción de unos de sus padres, creo que nadie. Yo no quería y sentía que quizás lo que tenía que contarle podía generarle algún dolor. Importante aclarar que no pretendo que mis hijas tengan una vida llena de cosas buena, es decir, sí quiero, pero la vida viene con todo: con cosas maravillosas, con cosas geniales, con situaciones y personas malas también. Y todo eso que nos pasa es aprendizaje, nos lleva a valorar lo que tenemos, lo que somos, a ser agradecidos. Así es la vida, así es vivir, lo que a mí me generaba tanta ansiedad era generarle a mi hija dolor por una acción directa mía. Esa idea me mataba. Tampoco era nada malo, en efecto nada malo, sin embargo entender que la historia no era tal como la conocía hasta ahora podía generarle desconcierto (que hasta ahí quería yo que quedara y que no avanzara hacia algo negativo).

Pensé en cómo comenzar a contarle la historia, cómo seguirla, cómo terminarla. Cambié la manera unas cuatrocientas mil veces y quizás más. Trataba de ponerme en todos los escenarios, en qué me diría, en qué pregunta haría, en cómo se sentiría, sólo quería que esté clara en que era el cariño lo que había movilizado cada una de nuestras acciones, las mías, mi responsabilidad, mi compromiso con ellas, con mi familia en general. Que nada cambiaba, que todo podía ser mejor, que podíamos querernos más y vivir en transparencia. Entonces por ahí empecé, ese fue el inicio de mi historia. Entre nosotros, en esta familia y con el resto del mundo, somos transparentes, hablamos con la verdad, respetamos y valoramos a cada uno y sobre esa base nos relacionamos. Y le fui contando, veía su cara de sorpresa, también su expresión de comprensión (que calma), su amabilidad (la de siempre). Me asusté tanto que no le di crédito a mi niña, a la manera cómo asimila, a lo buen ser humano que es, a cuánto me quiere y quiere a su familia.

Y pasó, y la ansiedad se fue, seguro Ale tendrá preguntas, quizás no, y aquí estaremos todos para responderlas, para abrazarla si así lo necesita, para escucharla, para entender lo que piensa, lo que siente. Y todo fue sencillo y lo sigue siendo hoy porque sobre la base del cariño se construye mejor y de manera más duradera. Somos los adultos lo que tenemos tanto encima, los que decidimos además quedarnos con aquello que no nos sirve, guardando resentimientos, rencores, rabias y angustias, todo eso que nos detiene, que nos limita, que nos hace el camino más duro, más complejo. Y, lo peor, es que además lo trasladamos a nuestros hijos. En más de una oportunidad he escuchado a jóvenes de 18, 20 años, con la rabia de sus padres, cargándola como si fuera propia, viviendo pesados con sentimientos que no son suyos. No solo nuestras palabras trasmiten información, lo hace todo nuestro cuerpo, un gesto, una mirada es suficiente para que comuniquemos cómo nos sentimos con algo, con alguien.

A vivir ligeros se enseña también. Aprendamos nosotros, suelta lo que no sirve, decide ser valiente para dejar todo aquello que no te es útil, de resentimientos no se vive. Enséñale eso a tus hijos. Enséñales a quererse, quererse bonito y de manera saludable, el tamaño de su amor propio va a ser la medida de lo que estén dispuestos a recibir del mundo. Mientras más pequeño, más desafortunado será lo que acepten. La manera cómo generamos vínculos con ellos, va a definir también la calidad de sus vínculos posteriores, actuemos con responsabilidad. Que sepan que aquí estamos, que su casa, su familia, es su espacio seguro, aquí no hay culpas, prejuicios, aquí hay cariño.

Hablamos,

Lu

2 comments

  1. Hola Lu, tenía la necesidad de leerte y zas! Me sentí transportada a mi adolescencia, a ciertas incomprensiones que mi cabeza no sabía afrontar. Sin querer me identifiqué. A veces, nosotros, los hijos cargamos con resentimientos por acciones de nuestros padres y ahí estamos, cargando esa mochila año tras año… Fue así como algo tan fuerte tuve que afrontar para ENTENDER que cada uno lleva consigo el peso que desee. Empecé a vivir, a no molestarme con facilidad y poner mi casa de más plantas, eso ayudó.

    1. Uno decide cómo afrontar, justamente eso. Importante ofrecerles a nuestros hijos herramientas para afrontar de la mejor manera. Abrazo gigante para ti.

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