El contador a cero…

Una magia especial traen los cumpleaños, son como una invitación para recomenzar, un nuevo año comienza para ti justamente ese día. Yo tengo dos cumpleaños, el de verdad y el del DNI, como de niña no me celebraban ninguno, desde hace ya varios años (cuando yo pude costear mis cumples) celebro ambos. ¿Por qué no? Y ahí me ves, con mis hijas, mi familia bonita, mis amigos queridos, todos prestándose a celebrar dos veces.

Les decía que trae una magia especial, personalmente siento una especie de efecto de poner el contador a cero, ese que te marca cada día vivido. Y no es como que hago como si lo anterior no existiese, claro que sí, es aprendizaje, es lo que me trajo hasta aquí, pero es lo que ya fue, es lo que ya no puedo tocar, ya no puedo volver a vivir porque ya pasó. Entonces el día de mi cumpleaños pongo este marcado en cero y vuelvo a contar: día 1 de mi vida a esta edad, día 2, día 3… Y sobre eso hay una suerte de volver a empezar, se ve como oportunidad, no como más días sino como nuevos días. Me siento tan consciente al respecto, no sé cuándo comencé a sentirme así, quizás cuando me di cuenta que la vida no la tengo (no la tenemos) comprada, asegurada, que no se va para atrás, que el tiempo no se detiene, que cada hora cuenta. Entonces, si es así, cada día cuenta, cada día es nuevo, cada día es oportunidad y quizás no todos los días sean grandiosos (de eso se trata la vida) y no tienen que serlo, algunos días serán desastrosos, terribles, algunos días serán para olvidar y tenían que pasar. Hay que transitar por cada uno de ellos, por la tristeza si es que la trae, por la alegría si viene con ella, por la rabia, la frustración, la sorpresa, así hay que ir, oscilando como la vida misma. Ojo, no se trata de pedir al universo tanto y tantas veces tener una vida maravillosa, y el universo te lo concederá (por cansancio)… ummm, no, vas a tener que esforzarte para conseguir lo que quieres, inclusive paz mental.

Eso he aprendido acerca de mis cumpleaños, esa connotación le he dado, por eso comienzo mi cuenta regresiva en cuando comienzo noviembre (mes de mi cumple de verdad) y febrero (mes de mi cumple del DNI), porque celebro los días que quedan para terminar mi año actual y estoy expectante del que está por comenzar. Mi cabeza, mi cuerpo, mi todo se llena de ilusión, eso también he aprendido. También a agradecer lo que tengo, lo mucho, lo poquito, lo mínimo. Y no sé si te has dado cuenta pero no celebro mi edad, es lo que menos interesa, este año aún tengo 38 y antes de febrero aun tendré 76, qué interesa, interesa lo que dejo, lo que traigo y lo que estoy dispuesta a tomar y recibir. Procura mirar como niña, así que debo tener unos 5 años realmente, entonces para qué seguir contando.

Acerca de los deseos. Solía “pedir” cuestiones específicas al apagar las velas de la torta de cumple (de cualquier de mis dos cumpleaños), quizás un trabajo, quizás salud, quizás el carro que tanto había deseado, quizás un viaje muy, muy deseado. Hubo un tiempo en el que empecé a pedir “tranquilidad”, es que todo estaba muy movido, y no sé a quién se lo pedía, quizás al Hada de los cumpleaños (porque es mujer de todas maneras, jum!), quizás quién sabe, como si tener tranquilidad fuera algo externo a mí, que no depende de mí, que alguien debe regalarme además. Y no, era lo que yo podía ofrecerme calmando mis mares internos, poniendo las cosas en orden, priorizando. No sé qué pedir esta vez, quizás la posibilidad de seguir contando días, con entusiasmo, con ganas (aunque a veces sean poquitas), con personas que me quieran mucho cuando yo me quiero poquito (a veces pasa, es algo que también he aprendido), que no me falten las ideas, el sentido de posibilidad, que no me falten mis hijas.

Que todos tengamos lo que merecemos, en nuestro cumple, en nuestra vida, cada día.

Sólo faltan dos días para mi cumple de verdad y también deseo vino.

Lu

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