El fin de la primaria

“Ma, ¿me puedo rizar las pestaña?”, ha sido la pregunta de este año. Debí suponer que así serían las cosas cuando a los 4 años me decía: “¡mami, píntame lo labios!”. Ale cumplirá 12 años en cuanto el 2020 haya comenzado, y en solo dos semanas (del aún 2019) terminará la primaria. Les juro, no siento nada parecido a: “oh mi bebé, no quiero que crezca, que se quede chiquitita para siempre”. Es la menos bebé de mis hijas, es la menos apegada, la que tiene menos mamitis. A veces, por sus estado natural de madurez, me olvido que tiene solo 11 años y alucino que hablo con alguien más grande, me doy cuenta y pongo freno. Es una niña aún, pero ya no una bebé, creo que solo la sentí así: bebé, hasta que cumplió 3 años, luego fue como hablar con una viejita muy pequeña. Noto sus cambios físicos, esos me dicen que está enorme, le falta media cabeza y me pasa, una talla de zapato más y comenzaremos a compartir.

Inicios del 2016

Ale ha vivido la primaria de una manera particular, se ha enfrentado a desafíos muy interesantes. Cero deportista, lectora voraz, cuestionadora al máximo, se ha metido en problemas por canchita, por hacer lo mínimo cuando algo no le representaba un reto, por defender al necesitado, por vender carteles de lettering. Ha estado en coro, practicó años y se hizo de la técnica, entusiasmada pedía que por favor la dejáramos ir más días a practicar, “por favor, es muy importante para mí”. Un día simplemente lo dejó y no volvió a practicar jamás: “estoy interesada en otras cosas ahora”. Así de importantes son las cosas entre los 8 y los 10 años… Ha vivido obsesionada con mantenerse invicta en asistencia, me miraba horrible si le pedía que no vaya al colegio un día, qué me habré creído para pedirle eso, mala madre. Desafiaba situaciones con argumentos (y lo sigue haciendo, ya va a llegar al nivel “experta”). Comenzó primer grado diciendo: “Hola, soy Alejandra y tengo dos casas, en una vivo con mi mamá y en otra con mi papá…”, cerró aquella maravillosa presentación con una tremenda sonrisa.

Y ahora volveremos a empezar, su papá y yo, como cuando Ana pasó a la secundaria. Pasaremos otra vez por todo lo que con Ana ya se había quedado atrás, el mundo de más grandes, la transición que significa todo 1ero de secundaria, entender que siguen siendo niños, pero ya no tanto. El entendimiento que trae 2do de secundaria, ya más claros de lo que hay que hacer. Luego “el año del chofer”, 3er año de secundaria, cuando todo el salón cumple 15 años y comienzan las “reus”, ¿se seguirán llamando así cuando Ale esté en 3er año?, las recogidas de madrugada, las negociadas que trae el: “¿hasta qué hora tengo permiso?”. El/la novi@ de la nena. 4to año, 5to año… todo comienza otra vez.

Ayer

Pasamos la primaria sin exabruptos, con novedades pero todo bien. Aprendimos, todos, un montón. Que cada hijo es diferente, por ejemplo. Criadas por los mismos papás, pero distintas entre ellas, igual de valiosas. Hoy -1er domingo de diciembre, antes de las 2 semanas que faltan para que termine el año escolar- déjenme hacer un ufff, dar un respiro de tranquilidad, déjenme creer que estoy a la altura de lo que se viene.

Hablamos,

Lu

1 comment

  1. Siempre, siempre i spiradora, logrando dar tranquilidad a las mamás que enfrentamos cambios en nuestras ‘bendiciones’.
    Es un gusto leerte! Me alegra muchísimo que hayan más post!
    Muchas aprendemos de ti

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